Bourdieu, P. (2001). La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Madrid: Popular.

Bourdieu en este texto señala que los principios que permiten sostener la cualidad intrínsecamente reproductiva del orden social de las instituciones educativas, se fundamentan en la violencia simbólica y arbitrariedad cultural ejercidas por las escuelas. En primer lugar, se presenta el concepto de violencia simbólica como aquélla práctica de poder “que logra imponer significados e imponerlos como legítimos disimulando las relaciones de fuerza en las que se basa su fuerza” (Bourdieu, 2001, p. 44). La violencia se observa mediante la acción pedagógica en tanto práctica institucional que impone una arbitrariedad cultural a lo largo de todo el ciclo educativo de los estudiantes, de modo de lograr la interiorización de los principios de la clase dominante. Este ejercicio continuo es posible sólo mediante el velo objetivador y neutralizador de estas prácticas, el cual se fundamenta en la presunta autonomía relativa de la institución respecto a las relaciones de clase. Dada esta autonomía, entonces es posible fijar los medios y condiciones institucionales propios que son necesarios para el ejercicio de su función social: la reproducción de una arbitrariedad cultural, cuya dinámica contribuye a la reproducción de las relaciones de clases.

Uno de los medios y condiciones institucionales necesarios para el mantenimiento de la estructura y función del sistema de enseñanza, se encuentra en los mecanismos de selección. En este sentido,

El examen no es solamente la expresión más visible de los valores escolares y de las opciones implícitas del sistema de enseñanza: en la medida en que impone como digna de la sanción universitaria una definición social del saber y de la manera de manifestarlo, ofrece uno de los instrumentos más eficaces para la empresa de inculcación de la cultura dominante y del valor de esta cultura (Bourdieu, 2001, p.192).

La autonomía de la institución es la condición de posibilidad para erigir sus propios mecanismos de selección sin recibir mayor confrontación social. En este contexto, se presentaba el ideal de la igualdad formal del pequeño burgués en tanto que el sistema de exámenes aseguraba a todos la igualdad ante pruebas idénticas, garantizando a su vez a los sujetos dotados de títulos idénticos igual posibilidad de acceso a las profesiones.

 Ahora bien, en palabras del autor,

Hay que preguntarse, pues, si la libertad que se deja al sistema de enseñanza (…) [no contribuye más bien a] disimular la selección social bajo las apariencias de selección técnica y legitimando la reproducción de las jerarquías sociales mediante la transmutación de las jerarquías sociales en jerarquías escolares (Bourdieu, 2001, p.207).

Esto último se debe a que todo acto de exclusión de un estudiante tiene en cuenta el conjunto de las relaciones objetivas entre su clase social y el sistema de enseñanza; es decir el porvenir objetivo y colectivo de su clase o de su categoría en el sistema escolar. Sin embargo, la función de conservación social se haría posible sólo en la medida que el examen se presente como la propia verdad de igualdad escolar formalmente irreprochable (Bourdieu, 2001).

Esta teoría de la reproducción social de corte estructuralista, por un lado permite comprender los exámenes de selección como medio y condición institucional necesaria para la reproducción del orden social impuesto por la clase dominante, a la vez que le otorga sentido a aquellos principios de movilidad social que se validan en el credencialismo de las instituciones académicas, en tanto una ventaja escolar se vuelve ventaja social dentro del marco que el mismo sistema permite. Sin embargo, a pesar de la lucidez de la teoría, el texto aquí fichado es bastante complejo y suspicaz, de modo de generar cierto tipo de resistencia en la la perspectiva que comprende la mantención del orden social. Seguir al pie de la letra esta teoría es concederle la autoría de todas las posibilidades de trayectorias de vida, lo cual desde una perspectiva menos estructuralista, es una sobredosis de determinismo social.

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